Con suplementación sin control médico y dosis desmedidas, la vitamina D —un nutriente esencial— puede disparar niveles peligrosos de calcio, desencadenando desde cálculos renales hasta insuficiencia orgánica.

En los últimos años, ha aumentado la preocupación por casos de sobredosis de vitamina D registrados en diversos países, especialmente relacionados con la automedicación y la venta sin supervisión de suplementos defectuosos. En España, por ejemplo, más de 100 personas resultaron afectadas en 2024 tras consumir productos con dosis excesivas, lo que generó hipercalcemia y daño renal agudo en varios pacientes.

El principal riesgo asociado con la hipervitaminosis D es la hipercalcemia, es decir, niveles elevados de calcio en sangre. Cuando este mineral se acumula, los riñones trabajan en exceso para eliminarlo, lo que puede provocar la formación de cálculos renales y calcificaciones en el tejido renal, comprometiendo su funcionamiento. Los síntomas iniciales pueden ser muy inespecíficos: náuseas, vómitos, anorexia, fatiga, sed intensa, micción frecuente o confusión mental. En etapas más avanzadas, la toxicidad puede evolucionar hacia insuficiencia renal aguda, incluso en personas previamente sanas.

Un caso clínico notable involucró a un paciente que tomó entre 8.000 y 12.000 UI diarias durante varios años, sin deficiencia comprobada. Desarrolló hipercalcemia severa y daño renal crónico a largo plazo. Esto sucede porque la vitamina D es liposoluble, se acumula en el cuerpo y no se elimina fácilmente. Dosis por encima de 4.000 UI diarias, especialmente por tiempo prolongado, pueden superar la zona segura a menos que haya monitoreo médico continuo.

Para manejar y evitar el problema, los especialistas recomiendan suspender inmediatamente el consumo del suplemento cuando aparezcan señales clínicas, reducir la ingesta de fuentes adicionales de calcio si ya hay hipercalcemia, e iniciar tratamiento médico que incluya hidratación intravenosa y, en casos graves, medicamentos para disminuir el calcio en sangre. También es clave realizar controles periódicos de vitamina D y calcio, así como de la función renal.

Corren más riesgo quienes toman suplementos sin tener un déficit real, los usuarios de productos con formulaciones defectuosas o lotes mal dosificados, y las personas con antecedentes de cálculos renales, hipercalciuria, deshidratación crónica o enfermedades renales previas.

La vitamina D es necesaria, pero su uso sin supervisión médica puede convertirse en un peligro silencioso. La exposición moderada al sol y una dieta equilibrada suelen ser suficientes en personas sanas sin factores de riesgo. Si tomas más de 4.000 UI al día, hazlo solo bajo indicación profesional y con vigilancia periódica. Ante cualquier síntoma como fatiga persistente, confusión mental, micción frecuente o dolor abdominal, es fundamental consultar con un especialista.

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