Este impresionante pecio fue detectado por un dron submarino operado por la Marina francesa y representa un laboratorio temporal que conserva siglos de historia.

El descubrimiento se produjo durante una operación de rutina, pero pronto se transformó en uno de los hallazgos arqueológicos más significativos de los últimos años: el pecio llamado Camarat 4, de unos 30 metros, descansaba casi intacto sobre el lecho marino.
La profundidad extrema creó un entorno muy favorable para la conservación: sin organismos que degraden la madera y con muy poca corrosión del metal, la embarcación ha resistido el paso del tiempo como una cápsula submarina.
Arqueólogos ya trabajan para mapear el sitio, documentar cada artefacto y trasladar los objetos al laboratorio para su estudio. Este yacimiento representa un avance sin precedentes en la comprensión de la navegación, el comercio y la tecnología del siglo XVI.

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