La nave, que llegó a funcionar como hotel flotante, pasó de ser un símbolo turístico a un cascarón vacío sin destino claro.
El barco fue durante años un protagonista del turismo nacional, recorriendo aguas de distintos países y posicionándose como un atractivo que ofrecía experiencias únicas.
Su reinvención como hotel flotante generó expectativas y le dio una nueva vida, alojando turistas y convirtiéndose en un emblema para las ciudades donde quedaba amarrado.
Pero dificultades económicas y la falta de inversiones lo llevaron al abandono total, quedando hoy como una estructura deteriorada que conserva, en silencio, las huellas de su pasado.






