Los contratos volverán a ajustarse por inflación u otros índices pactados, generando subas para los inquilinos.
Desde febrero, los inquilinos comenzarán a pagar montos más altos en sus alquileres como consecuencia del fin de la Ley de Alquileres y la aplicación de nuevos mecanismos de actualización.
Los contratos ya no estarán atados a una única fórmula, sino que se ajustarán según lo acordado entre las partes, lo que en muchos casos implica incrementos más frecuentes.
El impacto será distinto según el tipo de contrato, pero en general se espera que los valores reflejen la inflación acumulada del último período.





