Comprender cómo interactúan los genes con los tejidos permitirá diseñar terapias específicas para cada paciente.
La oncología moderna se aleja de los tratamientos «estándar» para avanzar hacia la medicina de precisión. La reciente investigación internacional que integró el Dr. Daniel Alonso de la UNQ es una pieza clave en este rompecabezas. Al estudiar casi 600 modelos de cáncer, los científicos han podido mapear cómo las mutaciones se expresan de forma única en cada órgano.
El estudio se enfocó en descifrar el impacto de genes como el RAS en órganos como el pulmón o el páncreas. Al entender por qué ciertos tejidos son más vulnerables a errores genéticos específicos, los médicos pueden predecir con mayor exactitud qué pacientes responderán mejor a determinadas drogas, evitando tratamientos innecesarios o poco efectivos.
Este nivel de detalle genético, documentado en el atlas publicado, es el «eslabón perdido» que los investigadores buscaban para conectar la biología molecular con la práctica clínica. Gracias al aporte de la UNQ, el camino hacia una terapia donde el fármaco se elija en función del ADN del tumor y el tejido de origen está cada vez más cerca.





